Mostrando entradas con la etiqueta testimonio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta testimonio. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de septiembre de 2014

TESTIMONIO: Marcela y su hijo Camilo

Camilo nació, sano, gordito y risueño. Cuando tenía 1 año y 10 meses, ya corría, jugaba y crecía junto a su hermana Isabel, dos años mayor. No sabemos como, lo atacó una bacteria y rápidamente se enfermó. Luego de unos días en el hospital de Temuco, de una diarrea pasamos a un SHU y luego a un par de operaciones para poner un catéter y hacerle peritoneodialisis.  Cami no resistió; Luego de la segunda operación, al despertar de la anestesia, él ya no estaba igual. Había tenido un gran infarto cerebral que abarcó los dos hemisferios. Es ahí cuando nos enteramos que nuestro hijo ahora tenía una parálisis cerebral y que en ese momento solo podía pestañar. Sumamos a eso que al poco tiempo comenzó a tener convulsiones y los neurólogos lo diagnosticaron con una epilepsia de difícil manejo llamada “Síndrome de West”.

Camilo ha avanzado mucho, ya tiene tres años y medio. Luego de un año pudo comer por la boca y ahora nos sonríe. Estamos haciendo muchos ejercicios con él para que retome su movimiento, pero la epilepsia y las crisis diarias no le dan tregua. A veces sentimos que avanza, pero con las crisis retrocede. Hemos intentado con varios medicamentos y actualmente esta con Sabril y Grifoclobam, pero no han logrado controlar su epilepsia.
Hace un par de meses, ya un poco desesperados, Camilo bajaba de peso, no quería comer y había perdido conexión. Ya no reaccionaba a nuestra voz y estaba muy débil. Comenzamos a darle aceite de cáñamo que compramos a través de internet a EEUU, alto en CBD, con este le volvió el apetito y se mostraba mucho más conectado. Hoy gracias a la compañía y asesoría de la Fundación Daya, estamos probando con el aceite de Cannabis. El estado general de Camilo es realmente mucho mejor, duerme mejor, esta muy risueño, conectado, se ve fuerte y con apetito. Aun no hemos logrado bajar las crisis, pero estamos recién comenzando y sabemos que debemos llegar a las dosis y la cepa correcta.


Estamos seguros que Camilo va a estar mejor, pero necesitamos más libertad para poder acceder a este medicamento, que claramente es beneficioso para nuestros niños. 

sábado, 6 de septiembre de 2014

TESTIMONIO: Katia y su hija Victoria de Jesús

Cuando nos ponemos en  “campaña” todos esperamos un hijo sano. Con mi esposo nos casamos y quisimos esperar un par de años antes de embarazarnos, y cuando lo decidimos fuimos al doctor,  tomé vitaminas y creíamos  tener todo bajo control. Ambos muy sanos,  pensábamos que bastaba con quererlo y todo haría que nuestro cuento de hadas se viniera a completar con la llegada de nuestra primera hija... seguido de un “vivieron felices para siempre”.

Nuestra hija Victoria de Jesús nació en julio de 2002 con una epilepsia refractaria, esto no sólo ha implicado crisis diarias sino también muchas hospitalizaciones y daño cerebral. Desde ese día todo ha sido un antes y un después… un antes y un después a las penas y alegrías, a las muchas noches de tristeza, rabia, rebelión, cansancio y falta de sueño, y también un antes y un después al amor verdadero e incondicional. Un continuo buscar de su bienestar, muchos medicamentos, terapias, dietas para darle una mejor calidad de vida.

Como padres buscas, anhelas y luchas por la felicidad de tus hijos y por darles lo mejor. El aceite de cannabis para nosotros vino a ser una luz de esperanza en un sin fin de tratamientos ineficaces, con efectos más dañinos y secundarios que lo que puede ser una flor maravillosa puesta por Dios en la naturaleza.

A pesar de todos los pronósticos hoy sin siquiera saberlo ni predecirlo, hay un antes y un después al mejor de los desenlaces, poder decir, afirmar y sentir de todo corazón que a nuestra hija no la cambiaríamos por nada y que con sólo una mirada nos hace sentir completamente amados.



Por medio del vídeo de Charlotte nos enteramos de la maravillosa posibilidad que daba a la epilepsia el aceite de cannabis. Sabiendo que en Chile el uso no es legal pensamos en dejar toda nuestra vida acá e irnos a vivir a los EEUU, sin embargo no nos pareció justo que luego de todo lo que uno pasa como familia además debas dejar tu país porque este no te da una real oportunidad de mejora. Comencé a enviar muchos email hasta que llegamos a la Fundación Daya, inmediatamente nos acogieron nos mostraron que habían muchos más como nosotros y que con total desinterés estaban luchando por una causa. Comenzamos a probar la primera dosis de aceite  sin mucho resultado pues había que encontrar la cepa y la dosis acorde para nuestra hija… no ha sido fácil, hemos tenido aciertos y errores y dificultad para tener el aceite pues al no estar legalizado su uso todo se mueve por cadena de favores. Gracias al aceite nuestra hija ha disminuido prácticamente a 0 sus crisis.

lunes, 1 de septiembre de 2014

TESTIMONIO: Winy y su hijo Guillermo

Mi hijo Guillermito, que ha sido diagnosticado con un síndrome genético no determinado, sufre de epilepsia refractaria desde los 5 meses de edad...hoy con 13 años y tras una larga experimentación desde una cirugía hasta con distintos fármacos que nunca han dado resultado, hemos llegado al aceite de Cannabis en busca de alguna solución.

Hace 3 meses empezamos con la terapia y si bien no hemos podido eliminar las crisis totalmente, si logramos reducirlas significativamente.  El proceso ha sido largo y duro pues como la cannabis es aún un producto ilegal, no hemos podido tener acceso libre a la cantidad y dosis necesarias para lograr un excelente resultado, pero sin embargo podemos decir que estamos a medio camino de la batalla de superar totalmente las crisis.
Por eso urge el apoyo del gobierno a reformar la ley 20.000 y permitir que los usuarios medicinales tengamos acceso libre y sin temor a esta planta medicinal de tantas propiedades curativas.

Necesitamos del apoyo de todos, nuestros hijos no pueden esperar.

Un saludo fraterno


Winy

TESTIMONIO: Paulina y su hija Javiera

Nuestra pequeña tiene una epilepsia de difícil manejo. Llegó a estar con seis anticonvulsionantes los cuales tenían efectos horrorosos.  Empezamos a usar aceite de Cannabis hace más de un año...a la semana de uso sus convulsiones bajaron, su ánimo y relación con sus pares cambió totalmente. Nuestra princesa volvió a la vida...

Es muy fácil mirar desde la vereda del frente y criticar...hacer comentarios que lo único que hacen es dañar pero cuando tienes un hijo con capacidad diferente es tan difícil salir adelante... Hay días que lo único que deseas es un abrazo  verdadero que contenga toda la tristeza que llevas por no tener el poder de ayudar a tu pequeño como quisieras...

Doy gracias a Fundación Daya por el apoyo y contención que día a día entrega a pacientes y sus familias, ya que en nuestro país estamos bastante olvidados,  se acuerdan de nosotros sólo en los días de Teléton y después no existimos.

Un abrazo a cada una de las personas que se han tomado el tiempo de leernos y cooperar para seguir luchando por la felicidad de nuestros hijos...

TESTIMONIO: Michell y su hijo Martin

Martín nació, como cualquier otro niño, lleno de vida, saludable y curioso, pero con un lunar que cubría gran parte de su espalda. Los médicos recomendaron operarlo a los 9 meses de vida lo que trajo consecuencias irreparables en su estado físico y mental. Fue en ese momento donde la vida de Martín cambió radicalmente. Debido a una negligencia médica, él sufrió un paro cardio respiratorio dejándolo en estado de coma inmediato, por un periodo de tres semanas.  

En su retorno, Martín ya no era el mismo... ahora volvía como un niño tetrapléjico, con daño cerebral severo, perdida de gran parte de su visión y trastornos en la deglución, lo que lo hace 100% dependiente de otro para el resto de su vida. A los 6 meses de vivir en este nuevo estado, y ya algo más aceptado en la familia se presenta en el cuerpo de Martín actividad eléctrica cerebral continua devastadora llamada epilepsia. Lo que había logrado en estos meses de rehabilitación constante lo pierde en cuestiones de semanas. Es aquí donde comienzan los experimentos con diferentes medicamentos anti-epilépticos y dietas a bases de grasas, llamada dietas cetogenicas. Se pudieron controlar de cierto modo las crisis de Martín por 8 años; ya no convulsionaba todo el día, sino que 12 crisis más 24 espasmos diariamente; no hay cuerpo que aguante tanto sin deteriorarse! Fue cuando me dijeron a principios de este año que Martín debía alimentarse 100% por sonda, siendo que por mucho tiempo su alimentación fue una mezcla de ambas (por boca y sonda) pero por sobretodo siempre predominando la alimentación por boca. Desesperada dije basta...busqué a la Fundación Daya quienes me acogieron y explicaron todo lo que necesitaba saber para suministrar el mejor medicamento que Martín podría recibir: el aceite de cannabis. Hace 2 meses comenzó con este tratamiento con excelentes resultados: en su primera semana Martín baja sus crisis progresivamente de 0 a 2 y  sus espasmos disminuyen a 4 diarios. Al mes recupera su deglución al nivel del año pasado  y vuelvo alimentar por boca todas sus comidas. 
Todo esto me llevó a la decisión de comenzar  a cultivar la medicina de mi hijo con algo de temor; soy ilegal, haciendo todo con amor.

Se que encontraré la cepa adecuada para mi hijo para que definitivamente deje de convulsionar, mientras tanto seguiremos disfrutando de Martín brindándole la mejor calidad de vida posible en plenitud y con el dinamismo de cualquier otro niño de su edad.



A continuación una carta que escribí hace 4 años....
UN CAMBIO DE CAMINO


En el camino de la vida uno siempre se espera algún giro importante que cambie el curso de las cosas, el encuentro de un amor, un viaje lejano, o la adquisición de un titulo profesional.  Mi vida siempre tuvo por menores que me enseñaron a seguir adelante y muchas veces sentí que el mundo se me venía encima con algún traspié familiar o una historia enredosa que me estancaba de vez en cuando en alguno de los tantos proyectos personales que me fijé en un antes del episodio más triste de mi vida.  

Un 26 de enero del año 2006  a las 4 de la tarde esperando en una helada sala de hospital recibí un noticia  que cambiaría el rumbo a mi vida y en cosas de segundos transformaría cada minuto en fracciones de segundos detenidos en el tiempo:  "Señora Michell, su hijo ha sufrido un paro cardio respiratorio secundario a la anestesia y en estos momentos ha perdido la conciencia"... sentí que en ese mismo instante me arrancaban el corazón, mi pechos se llenaban de leche como esperando que pasaran rápido los minutos y volver a sentir el calor de amantar. A los 11 meses de vida, Martín, mi hijo, perdía la conciencia y yo me reencontraba cara a cara con la culpa y con todos los miedos que había acumulado hasta ahora agarrotados en mi cuerpo, ahí frente a mí como en un vestuario desnuda, sin encontrar nada con que cubrir la rabia y el dolor que esta noticia me traía. 

Martín volvió a nosotros casi como un desconocido, paso a paso y parte por parte mire su cuerpo, su cara y sus ojos, todo absolutamente todo reposado en algún lugar del universo ausente y distante, mi hijo ya no era el mismo; solo dos días atrás lo había visto dar sus primeros pasos, y decir su primera y última palabra; mama. Fue como si Martín hubiese nacido de nuevo, y nosotros recomenzábamos a ser padres de un niño completamente diferente.  Que podía hacer yo, frente a tan desafiante experiencia?  

Sin duda que ha sido uno de los momentos más dolorosos de mi vida y sin el apoyo de Francisco, mi compañero y padre de Martín, no hubiese podido descubrir la fuerza y sobretodo el coraje que nunca habíamos vivido antes.  Buscamos todas las instancias que estuvieran a nuestro alcance lo que nos llevo a conocer la autoayuda como herramienta motor para enfrentar este reto intransitable a la que la vida me enfrentaba.  Como conocer a un niño con parálisis cerebral? Como conocer a mi hijo con parálisis cerebral?  Como podía dejar la culpa y la negación de lo que estaba pasando, para comenzar un reconocimiento enteramente nuevo de mi hijo y su nuevo estado?  Martín es otro, y sus diferencias serán eternas; esta es su nueva vida.  

Francisco, mi compañero de vida, fue el pilar fundamental para que yo pudiera salir adelante, llegamos a conocer juntos una parte nuestra que no dejo de sorprendernos y nos acerco día a día mas, convirtiendo el amor en una vocación por el otro.  Fue tanta la fuerza de este amor, hacia mí y mi hijo, que logro sacarnos de la tristeza y valorar la sobrevivencia de Martín como una fuerza inalterable frente la adversidad a la que él se enfrenta hasta el día de hoy. 

Sé que debería haber sonreído en su primera rehabilitación, y agradecerle a la vida por el milagro de verlo vivo, pero fue un momento difícil, lento y pesado que viví silenciosamente. Pensé en la nueva etapa de nuestras vidas en esa sala lúdica y llena de esperanzas, donde cada movimiento por muy pequeño que fuera, daría signos de inmensa alegría y grandes logros.  Guarde las lagrimas y decidí estar presente y alerta a todo lo que estaba pasando y a todo lo que vendría en este nuevo espacio; su sala de rehabilitación.

Aquí he conocido a las personas que de la rutina han pasado a ser las tías regalonas de Martín, Inés y María José.  Ellas nos han dado un apoyo tremendamente incondicional, sobretodo en esos momentos en donde perdía la esperanza y también el sentido de estar ahí; pero fue corto ese momento, las tías no perdían tiempo en explicarme todo lo que sabían para que yo entendiera mejor a mi hijo y para ser parte también de su rehabilitación.  Aprendí a conocer cada parte de su cuerpo y comprendí que todo es importante y delicado, y todo absolutamente todo retoma vida al contacto de las manos y el amor que todos le damos a Martín durante su rehabilitación.

Así fue que logramos ver su primer logro; comenzar a comer por la boca.  Fue como verlo decir su primera palabra, o dar sus primeros pasos, esto ya no importaba, ahora Martín nos enseña a verlo con más cuidado, a estar cien por ciento conectado con él.  Pronto lo vimos tomar su alimento de su mamadera y muchos otros detalles como el movimiento de sus dedos, la pequeña sonrisa esquiva en la esquina de su boca, el pequeño sonido que hacia cuando lo dejábamos solo por unos minutos.  Comencé a disfrutar todos sus avances, como también a aceptar los retrocesos que la epilepsia traía con ella meses más tarde.

Al año siguiente Francisco  y yo decidimos enviarlo al colegio.  No fue una decisión fácil, pues el solo hecho de imaginármelo lejos de mi y rodeado de tantos extraños me aterraba.  Ahí me di cuenta de la aprehensión que había cultivado.  Durante todo el primer año nunca deje a Martín solo.  Todos insistían en convencerme de que tenía que darme un poco de tiempo para mí, pero fui terca frente a esto, y empecinadamente encerré mi vida en la vida de Martín.  Aunque fue difícil reconocerlo, esto no era sano para nadie, ni para Martín, ni para Francisco o toda la familia  que me rodeaba.  La decisión de cambio de colegio a uno de jornada completa, tuvo que ver con esto, pero también con el sueño de ver a Martín, como cualquier otro niño, sentado frente a su profesora, participando con otros amigos en la vida de un colegio.

Este periodo fue una oportunidad  para volver al trabajo, y lo hice por tres semanas, largas tres semanas.  Sin embargo Martín cayó enfermo con una neumonía y entendí  que no era el momento para hacer los cambios, ya dejarlo en el colegio era un tremendo paso, y más aun independizarme en un trabajo sin tenerlo a mi lado.  Pero Martín también aprendía en este corto periodo a estar con otros, las tías se habían convertido en una necesidad para Martín, y esto me dio la libertad para volver a mí.  Recordé lo tanto que amaba estar en mis cosas, mirar, reírme de las tonteras de la tele, hablar con la gente en la calle, llamar por teléfono a mi familia, escuchar algo de música y hasta desordenarnos Francisco y yo.  Fue un buen momento para perder mis aprehensiones.

Ahora Martin ama sus paseos por la ciudad, le encanta el ruido de la gente, que le hablen, que le coloque música, le encanta el insaciable ruido de Santiago y como un principito en su pequeño mundo, le encanta que lo muevan de aquí para acá, estar en constante movimiento, que lo zamarreen y cuando aun no conoce, es un poco precavido pero solo basta que lo toquen o que le hablen tiernamente entregándole confianza, para regalar una hermosa sonrisa, eso indudablemente lo heredo de su padre.  Estamos extasiados de ver todos los logros de este hijo que ha desafiado la vida, que nos ha enseñado a todos a mirarlo con ojos atentos, que nos hace comunicarnos más entre la familia, que nos da motivo para juntarnos y celebrar solo por estar vivos.

Martín es para mí  una energía mística provocado metamorfosis inmensas en las personas, yo encontré nuevamente con él la alegría de vivir de dejar atrás las depresiones que por tantos años fui esclava he aprendido a maravillarme por la cosas simples de la vida a vivir en paz con el mundo a comprender que no todos somos iguales y esperamos lo mismas cosas

Gracias a él hoy hemos construido una familia, y aprendido a conocer la intensidad de las emociones y alegrías que nos da cada experiencia.  Apreciamos la vida y sabemos que todo lo que ella trae vale la pena.  La familia es más grande que Francisco, Martin y yo, es todos los que estuvieron en todo momento en las buenas y en las malas presentes y activos en los cuidados no solo de mi hijo, sino que de nosotros también.
Agradezco sin duda a Martín por todos los momentos de alegría vivida y por enseñarme que la solución a todos es siempre el amor. 

Francisco, mi amado, gracias por tu gran amor y entrega.

Y no puedo dejar de agradecer a la familia, quienes han estado cada minuto con nosotros entregándonos su apoyo incondicional.

Esto es lo  maravilloso de la vida sus contrastes con su diverso matices  esto nos engrandece y nos  va transformando poco a poco en  pequeños sabios y podemos volver a suspirar.


Santiago, Septiembre 2010